El monstruo de Frankenstein.

     Para algunos, al descubrir el proceso creativo de una obra artística sienten como si se robara la magia inherente al arte. Instalados en la fe de la inspiración, de la musa… cuando comprueban que en realidad todo es trabajo, terminan casi por despreciar el resultado. Hay muchos otros, en cambio, que creen que la magia no está en que el monstruo de Frankenstein cobrara vida, sino en todo lo que usó para ello: trozos de diferentes humanos, la ciencia, la fuerza de la Naturaleza, y un poco de suerte. 

     Como me encuentro entre los últimos, mostraré el proceso que seguí para la portada de Laberinto Tennen, novela escrita por David Luna y publicada por Ediciones el Transbordador.

     En las primeras conversaciones ya se definieron las ideas básicas: un yelmo de apariencia imponente y amenazadora, con una especie de corona simulando ramas, y una diabólica máscara roja. Ambos elementos situados en una mezcla de cueva y mazmorra.

     Antes de empezar a dibujar nada, siempre dedico un tiempo enorme a la búsqueda de documentación visual. Por un lado, porque necesito partir de cosas reales, y por otro porque, cuando pasas un tiempo viendo imágenes focalizadas en algo concreto, tu mente termina por eliminar todo aquello que no te interesa y es como si sólo respiraras esa idea que persigues.

 

       Es sólo cuando llego a esa extraña sensación cuando me pongo a dibujar bocetos, nunca antes. Por lógica, los primeros dibujos son indefinidos y muy variados en objetivos, con cambios incluso dentro del mismo boceto: se busca una composición general, un detalle llamativo en otra parte, cómo quedaría aquello en sombra, por aquí este adorno más grande, etc.

     A pesar de todo, en esta ocasión tuve la fortuna de que los primeros esbozos gustaron lo suficiente como para descartar muchas cosas y centrarme rápidamente en concretar otras. Por ejemplo, la idea de convertir la oscuridad húmeda de la sala en estalagmitas no cuajó.


 

     El siguiente paso en el diseño del yelmo y la máscara, ya con color, siguió consiguiendo el beneplácito a grandes rasgos, de modo que pude realizar una primera composición de la ilustración completa. Fue aquí, después de varios intentos frustrados, cuando opté por no separar el yelmo de la máscara y usar un fondo más abstracto. Mi pretensión era que toda la atención se centrase en el “rostro”, pues confiaba en que el diseño era lo bastante extraño y llamativo como para que todo lo demás fuera secundario. Nuevamente, tuve la suerte de que gustó.


 

     Por tanto, lo único que quedaba ya era hacer la ilustración de verdad, con todos los detalles que estaban en mi cabeza. Sin embargo, algo que me obsesiona siempre es la técnica de dibujo a utilizar. Habitualmente trabajo en papel con pincel a tinta china y luego uso el ordenador para el color, pero aquí quería manejar el color desde el principio y eliminar cualquier resto de trazo, de dibujo lineal. Es decir, sólo iba a usar el ordenador. Y cuando entras en el terreno digital, soy de los que piensa que puedes (y hasta debes) usar todos los recursos disponibles sin pudor alguno. 


 

     Resumiendo mucho, el proceso que seguí fue pintar con bastante detalle y luego añadir capas y capas de texturas y filtros. Para mí, las texturas y filtros nunca son un atajo para lograr algo más rápido, sino un modo de conseguir aquello que no soy capaz de pintar por mí mismo. Por eso, uso decenas de capas superpuestas y mezcladas con la base de pintura. Uso muchísimas texturas, muy variadas, las duplico, las recorto, les cambio la orientación, pinto encima, modifico el color, la luz, la transparencia… Es casi como un trabajo artesanal, y muchas veces he llegado a pensar que me sería más rentable aprender a pintar de verdad. Pero al mismo tiempo es un proceso creativo apasionante con el que se pueden conseguir resultados únicos. Aquí he usado fotos de piel de serpiente, de cabello, de grietas en paredes, de cuero, de salpicaduras de pintura, de óxido… Y al final de todo, cuando la mezcla de pintura, textura y filtros me resulta lo bastante satisfactoria, reduzco todas las capas a una sola y vuelvo a hacer un último repaso para que todo quede empastado.

 

     Luego llega el momento en que te dices que en algún momento tienes que parar, o la fecha de entrega te lo ordena. 


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